Primer Capitulo de "El Asalto planetario", como apareció en la revista BRECHA, año 14 Nº688 5 de Febrero de 1999

-Microsoft está en posición de monopolio en varios sectores de las tecnologías de la información, pero sus ventas representan menos del 2 por ciento del volumen de negocios de la informática mundial. ¿A qué se debe entonces el estado de alerta existente, al que usted incita en su libro?

-Ese 2 por ciento no es un buen criterio a tomar en consideración. Da la falsa impresión de que Microsoft es una empresa marginal. Otras estadísticas son más ilustrativas de su potencia: el gigante de Seattle concentra el 41 por ciento de los beneficios que obtienen las diez empresas líderes en la venta de programas estándar, mientras los sistemas de explotación de Microsoft equipan a más del 85 por ciento de las computadoras del planeta. De todas maneras, ninguna cifra da la medida exacta del fenómeno que yo denuncio: el control de una industria tan vasta como la informática no pasa necesariamente por la conquista del 90 por ciento del volumen de negocios del sector. Esto se ve muy claramente en las revoluciones: para derrocar al gobierno en ejercicio, ¿los rebeldes buscan acaso tomar por las armas todo el territorio de un determinado país? No, les basta controlar el 0,1 por ciento de los activos nacionales considerados estratégicos: radios, televisiones, la red telefónica y algunas instituciones clave, como el banco central. En la esfera económica sucede lo mismo: hay bienes estratégicos más importantes que otros.

Hoy, la expresión "sociedad de la información" no es un concepto vacío: se hace difícil encontrar un bien más importante que la información, servicios más estratégicos que aquellos que tienen que ver con la creación, la trasmisión y la manipulación de información. Si una sola empresa &endash;en este caso Microsoft&endash; llega &endash;como este grupo lo ambiciona&endash; a arrogarse un cuasi monopolio sobre la cadena mundial de la información y la comunicación pasa a representar un peligro para la democracia. Los sistemas de información son actualmente más estratégicos que lo que era antes el petróleo. Han penetrado nuestra vida cotidiana: la de las empresas, por supuesto, pero también la de los particulares. Y ya comienzan a determinar la manera de aprender, de trabajar, de distraerse, de curarse, de consumir y de formar la opinión.

-Sin embargo, Microsoft no es la única empresa superpoderosa del área. ¿El fabricante de microprocesadores Intel no está acaso en una situación similar?

-Es verdad que Intel, líder mundial en microprocesadores, ha adoptado el mismo tipo de estrategia de conquista. Y también está en la mira de la División Antitrust del Departamento de Justicia de Estados Unidos. Hay como un relevo entre Intel y Microsoft: Intel produce chips cada vez más potentes para "motorizar" los programas cada vez más cargados de Microsoft, que a su vez nos obligan a cambiar de computadora cada vez más a menudo... y en consecuencia a sobrealimentar las cuentas bancarias de ambos cómplices. De ahí que se haga referencia al estándar "Wintel" &endash;contracción de Windows e Intel&endash;, que controla hoy 90 por ciento del mercado de la microinformática. Sin embargo, el semiconductor tiene menos valor estratégico que el programa: es mucho más fácil clonar un chip que un programa complejo.

-Volvamos a Microsoft. ¿La referencia al mítico Big Brother de Orwell es pertinente?

-¡Minimiza la amenaza actual! En 1984, las cámaras de Big Brother espiaban a las personas, pero éstas conservaban la libertad de ocultar sus pensamientos. Y sobre todo sabían que eran espiadas, por lo cual estaban en alerta y podían prepararse para resistir y luchar para recuperar su libertad. En el mundo informático moderno, por el contrario, el ciudadano utiliza con toda confianza las tecnologías de la información &endash;para su correo electrónico, para comunicarse por teléfono celular, para planificar sus desplazamientos, para redactar sus notas, para administrar sus cuentas y su patrimonio, para consumir, es decir para todo tipo de actividades privadas y sociales. Las empresas confían a su vez todos sus secretos estratégicos a las redes informáticas. Ahora bien, es perfectamente posible conservar huellas de todas estas informaciones, sin que uno se entere y sin recurrir a cámaras visibles. Al lado de esto, créame, el Big Brother de Orwell es una pavada.

-¿Usted quiere decir que Microsoft tiene un plan diabólico para controlar nuestras vidas?

-No soy tan paranoico como para creer en alguna teoría de complot. Lo que mueve a Microsoft es su pánico a perder su posición dominante. Pero si lleva al extremo su divisa de embrace and extend (abarca y conquista) y concreta su confeso objetivo de tomar el control de toda la cadena de la información y de la comunicación (es decir, a corto plazo, de Internet), Microsoft estaría a punto de crear un instrumento tecnológico capaz de ser utilizado para controlar nuestras vidas. Y una vez que ese instrumento exista siempre habrá alguien &endash;aunque ya no se trate de Microsoft&endash; para emplearlo.

Si Microsoft logra efectivamente dominar a la vez los sistemas de explotación de los ordenadores personales, las redes de comunicación, los programas de navegación y la inteligencia de los servidores de información que componen la red Internet estará en una posición mucho más temible que la que hubiera ocupado anteriormente algún grupo que controlara todas las imprentas del mundo. Tendría el poder de decidir quién accede a qué tipo de información.

Hay que tener en cuenta que hoy Internet funciona gracias a estándares abiertos, a lenguajes, protocolos e interfases públicas y documentadas; el lenguaje editor html, para los sitios Web, el protocolo tcp/ip para las trasmisiones, son sólo ejemplos. Si se quita a Internet todos sus componentes basados en estándares abiertos y programas libres simplemente desaparece. Las interfases abiertas y públicas, sin consideraciones comerciales, han sido la base del desarrollo de esta red de redes que permite a cualquier usuario intercambiar libremente informaciones con el resto del mundo valiéndose sea de una pc, de un Macintosh, una estación de trabajo Sun, hp, Digital, IBM, Atari, Amiga o lo que sea. El día que lo único que exista sean servidores Windows nt y clientes Windows 98 equipados del navegador Internet Explorer, ¿quién podría garantizar que todas esas máquinas puedan hablarse en una lengua diferente a la "microsófica"? Ello tendría dos tipos de consecuencias. Por un lado, minaría toda posibilidad de interoperabilidad, es decir de compatibilidad entre diferentes componentes: ningún competidor podría ofrecer productos que trabajen en armonía con los productos Microsoft sin disponer de un diccionario "microsófico". Por otro lado, sin ese diccionario nadie podría comprender ni controlar lo que estas máquinas se dicen. Lo cual abriría el camino a derivas peligrosísimas para la libertad y la vida privada de los ciudadanos. Por ejemplo, mientras uno está leyendo tranquilamente las informaciones contenidas en algún sitio web, su microcomputadora podría estar trasmitiendo al servidor que uno está consultando, y sin que uno lo sepa, su dirección, su edad, el nivel de su cuenta bancaria, el contenido de su disco duro.

-¿Y por qué lo haría?

-Porque en una economía mundializada y ultracompetitiva el perfil de cada consumidor vale oro. Quienquiera que sepa cuáles son las tendencias culturales de una persona, qué productos la atraen, a dónde le gusta viajar, podrá proponerle los bienes y servicios que correspondan exactamente a sus gustos. Ya ha habido ejemplos de este tipo en la web con lo que se conoce como cookies, que permiten a los servidores reconstituir los desplazamientos de un usuario sobre la red sin que éste lo sepa. Estas prácticas han podido ser identificadas y denunciadas porque estas tecnologías se basan hasta el momento en estándares abiertos. Pero si las órdenes de trasmisión llegaran a ser codificadas en el lenguaje de determinado propietario ya nadie estaría en condiciones de saber qué "dice" su microprocesador a la red.

-A menudo las críticas a Microsoft provienen, por ejemplo en Francia, de quienes temen al imperialismo cultural estadounidense, o a la mundialización (uno de cuyos emblemas es precisamente Bill Gates), o simplemente de quienes sienten terror frente a la tecnología...

-Mis razones son más fundamentales, y tal vez más subjetivas que esas. Yo amo profundamente a la tecnología y es por eso que no soporto verla pervertida por una empresa que concibe productos malos que cobra muy caros a los consumidores, que desprecia a sus clientes, entrampa a sus competidores e impide la innovación. Yo tengo, como muchos otros, el sueño de un progreso tecnológico que lleve a un mundo mejor, más libre, más solidario. Y ese mundo no se parece en nada al que "sueña" Bill Gates. Basta recordar en ese sentido un video futurista realizado por Microsoft para el salón informático Condex, en 1996. Allí se presentaba como modelo de nuestro porvenir tecnológico un universo mercantil y policial que tenía más que ver con una pesadilla que con un sueño.

-En el escenario catastrófico que usted describe, ¿cuál es la parte de la realidad objetiva y cuál la de la anticipación pesimista?

-La situación es clara: el universo de los programas estándar para microcomputadoras es propiedad casi exclusiva de Microsoft. Hoy, la mayoría aplastante del público equipado posee un tratamiento de texto Word y una planilla de cálculos Excel. Microsoft también se ha convertido en el primer editor de programas ludoeducativos en cd rom, con más de cincuenta títulos, como la enciclopedia Encarta o el juego de simulación de vuelos Flight Simulator.

A partir de esta verdadera fortaleza, Microsoft está intentando, por medios discutibles, exportar su monopolio en tres grandes direcciones. En primer lugar, la informática de empresas. Con la formidable aceleración de la potencia de cálculo de las máquinas, las tareas que antes eran realizadas por grandes sistemas pueden hoy ser efectuadas por redes de pc. Por allí está atacando el mercado tradicional de IBM, Digital, Sun, Hewlett Packard. Segundo terreno de conquista: Internet. En un comienzo Microsoft había ignorado a la red, pero desde 1995 se ha transformado en su principal eje de desarrollo.

-Microsoft también está intentando inventar la televisión del futuro...

-La tercera pista de expansión de la empresa consiste en efecto en prefigurar &endash;no en inventar, cosa que Microsoft nunca ha hecho&endash; lo que serán los medios de comunicación del mañana. Bill Gates sabe perfectamente &endash;esa es su principal angustia&endash; que el microordenador no será eternamente la única puerta de entrada a Internet. Las terminales de acceso van a diversificarse. Microsoft está tratando de tener presencia en todos los nichos emergentes: Windows ce ya se ha convertido en el sistema de explotación estándar de las agendas electrónicas, aun si, como es habitual, los mejores productos en este terreno (como el Palm Pilot o el Psion) no lo utilizan. Microsoft quiere que mañana esté en el corazón de los descodificadores para televisión interactiva, las consolas de juego avanzadas como la Dreamcast de Sega, los teléfonos Internet, las computadoras de autos y los monederos electrónicos.

En un mundo en el que la inteligencia de todas las máquinas numéricas que nos rodean estaría "microsoftizada", cada uno de nosotros pagaría varias veces por día la "tasa Microsoft": al prender la tele o la computadora, al telefonear, al comprar por Internet, al conducir un auto...

-Por otra parte, Bill Gates invirtió en las tecnologías de la información a título personal.

-Observe que yo hablo de Microsoft y raramente de Bill Gates. Gates es por supuesto cofundador y propietario de 20 por ciento del capital de Microsoft, pero el sensacionalismo mediático que rodea al empresario más rico del mundo es enfermizo. Para algunos, su fortuna es motivo de fascinación; para otros, una razón de envidia o aun para demonizarlo. Esta personalización lleva finalmente a que se oculte lo esencial: los comportamientos de Microsoft, que está dirigida no por un solo hombre sino por un equipo de managers encabezados por el director general Steve Ballmer, el vicepresidente ejecutivo encargado de operaciones Bob Herbold y Nathan Myrvold, vicepresidente a cargo de la tecnología.

Es verdad que Gates invirtió a título personal en dos sectores de esta industria, que son a la vez estratégicos y sumamente complementarios del terreno abierto por Microsoft. Estas opciones demuestran, si fuera aún necesario, el olfato de Gates como hombre de negocios.

-Es curioso que se descubra el "problema" Microsoft tan tardíamente. ¿Cómo fue que esta start up de Seattle logró edificar un monopolio planetario de los sistemas de explotación en 23 años de existencia?

-Para empezar, separemos la verdadera historia de Microsoft de toda la sarta de mitos. Bill Gates y su compañero de escuela Paul Allen no "inventaron", como se afirma tantas veces, el lenguaje de programación Basic, que en realidad es debido a John Kemeny y Thomas Kurtz. Gates y Allen crearon simplemente un "interpretador" del Basic para los primeros ordenadores Altair.

Volvamos por un momento al contexto de los años setenta. En aquellos tiempos la informática estaba fuera del alcance de cualquiera que no se llamara cia, nasa o Bank of America. Sólo los gobiernos, las empresas muy grandes y las instituciones bancarias podían equiparse con esas enormes máquinas, que ocupaban salas enteras. Además, en esa época IBM no vendía sus computadoras sino que las alquilaba y hacía firmar a sus clientes un contrato de mantenimiento. IBM garantizaba la calidad de sus productos y se encargaba de arreglarlos. De ahí su prestigio y sus enormes ganancias. Con el proyecto de expedición a la Luna hubo que construir máquinas que no pesaran toneladas, para poder embarcarlas en vuelos espaciales. El dinero de los contribuyentes estadounidenses fue empleado en la puesta a punto de circuitos integrados, los primeros chips de silicio, cuyo costo fue bajando progresivamente. Pequeñas empresas se pusieron a ensamblar estos componentes electrónicos luego disponibles en el mercado. De esta eclosión empresarial nacieron las primeras pc, como la Apple II en California o la Micral en Francia. Al comienzo, el término pc designaba genéricamente las personal computers, las computadoras personales, pero después se lo empleó únicamente para designar las microcomputadoras IBM o compatibles, es decir aquellas que están equipadas con chips Intel.

En todo caso, en sus inicios, las pc eran cosa de fanáticos. Máquinas poco manipulables, en las cuales había que hacer cantidad de complicadas maniobras para sumar dos más dos. Recién a fines de los setenta, con la aparición de programas como Viscale, las pequeñas empresas y los comerciantes comenzaron a llevar su contabilidad en microcomputadoras. Modelos estadísticos y financieros complejos que antes requerían que cuarenta tipos hicieran cálculos en un pizarrón durante días estuvieron de pronto disponibles a muy buen precio.

Con las Apple y las primeras Commodore comenzó a emerger un verdadero negocio. Preocupada por conservar su cuasi monopolio, IBM pretendió bloquear de inmediato el desarrollo de sus competidoras. Le fue necesario inventar un producto casero, aun si la empresa no creía que las pc fueran a tener éxito. Las primeras IBM-pc lo único que tenían de IBM eran los teclados. El resto provenía del mercado. A Microsoft, creada en el 75, IBM le encargó el sistema de explotación de sus máquinas. Microsoft aprovechó la oportunidad y adquirió en 50 mil dólares el sistema q-dos a una firma llamada Seattle Computer. Microsoft sacó de allí su ms-dos e IBM le compró la licencia. La IBM-pc era de mucho menor calidad que la Apple II, pero la potencia comercial y sus servicios permitieron a IBM ganar la partida.

Pero IBM nunca tomó en serio este negocio de pc: el mamut ni siquiera compró ms-dos, ni siquiera se aseguró su exclusividad. Microsoft pudo luego vender ms-dos &endash;y más tarde su sucesor Windows&endash; a todos los competidores de Big Blue, como se llamaba entonces a IBM. En esa época los constructores dominaban la industria. Nadie podía suponer que con la estandarización que se realizaría luego en torno a los productos Intel y Microsoft y la aparición de los clonadores asiáticos, todos los beneficios de la microinformática &endash;y todo el poder&endash; se concentrarían en los chips y en los sistemas de explotación.

-¿Qué es lo que usted espera de la justicia estadounidense?

-La decisión más eficaz &endash;esa que desea Ralph Nader, el célebre defensor de los derechos del consumidor estadounidense&endash; sería separar Microsoft en varias divisiones especializadas en sectores: una en sistemas de explotación, otra en programas de burótica, otra en actividades en Internet. Después de todo, a comienzos de siglo Standard Oil fue dividida en 33 pedazos. Una reestructura de este tipo sería además buena para Microsoft: obligaría a sus programadores a concebir, publicar y utilizar interfases claras entre sus programas, es decir a escribirlos mejor. Evidentemente, también obligaría a sus diferentes productos a conquistar mercados por mérito propio y no valiéndose de la "palanca" Windows.

-¿Usted cree en serio que es posible cortar a Microsoft en pedazos?

-No es imprescindible hacer sociedades separadas. La distintas divisiones podrían tener accionistas comunes, a condición de que sus managements sean diferentes y sobre todo que no intercambien entre ellos informaciones privilegiadas.

-¿La justicia es capaz de incidir en sectores tecnológicos que evolucionan a la velocidad de la luz?

-La rapidez es efectivamente crucial. En la industria informática, el tiempo es cuestión de vida o muerte: seis meses bastan para construir un monopolio y liquidar a la competencia. Si la justicia actúa demasiado tarde, algunas opciones ya no son posibles. Imposible, por ejemplo, declarar ilegal a Windows 98 cuando ya equipa la mitad de las microcomputadoras del planeta. El Departamento de Justicia de Estados Unidos pretende ir rápido, mientras Microsoft no para de pedir prórrogas con la excusa de poder preparar mejor su defensa, aunque lo que en realidad quiere es vender la mayor cantidad posible de copias de Windows 98 con el Explorer integrado antes de que la justicia se expida. Por otra parte, aun si pierde, Microsoft va a apelar y la decisión final no llegaría antes del 2000. De aquí a esa fecha Microsoft ya habrá sacado un Windows 2000 y el fallo de ahora será tan ineficaz como el Consent Decree de 1995.

-¿El imperio Microsoft no corre riesgo de desplomarse bajo su propio peso, como ya sucedió con el imperio romano o más recientemente con IBM?

-Lo dudo. Afirmar que gigantes como IBM, AT&T o Standard Oil perdieron poder solos es totalmente erróneo. Fueron enormes batallas antimonopólicas las que permitieron debilitar a esos grupos.

-¿Usted no cree en la regulación liberal, según la cual la competencia en el mercado permite que emerjan productos mejores y más baratos?

-No, porque eso no tiene nada que ver con la realidad. Primero que nada, la economía de mercado no alienta el desarrollo de los mejores productos. Segundo, la competencia sólo es eficaz cuando los actores son pequeños y de poder limitado, es decir cuando no hay monopolios. Aun los liberales más conspicuos están convencidos de ello y es por eso que en el paraíso del capitalismo existen leyes antitrusts. Además, los campeones del mundo liberal, las grandes empresas estadounidenses, son los primeros en violar las reglas del mercado cuando dominan un sector.